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Otoño

Ces Le Mhyte

Qué hay después del deseo A quién le importa la historia no oficial del ser A dónde conduce la pretendida totalidad narrativa Cómo es que la ancianidad anticipa nuestro destierro

Cómo es que el olvido usurpa la corona de la paz.

Humano, demasiado humano.

Elegir el camino gnoseológico de la verdad, el derecho y la justicia a través de la servidumbre.

El rostro de Occidente ofrece sus marcas, ya curtidas por el tiempo. Cada una de ellas habla por sí sola sobre ese habitar en la oscuridad de la caverna gigantesca, ahora revestida de realidad virtual

No obstante, pareciera no arrepentirse de honrar el desamparo, el abandono, la disgregación, el desarraigo, la exclusión, la eliminación, la búsqueda de solución definitiva a todo dilema o cuestionamiento. Quizás por ello, cree incondenable la historia oficial de su ser.


Procesos que no tienen lugar para la pausa, la serenidad, la atenta escucha, el desinterés, las diversas formas de los espejos de la naturaleza. Una habitación humana cargada de olor a tierra y sangre. Animal que expulsa por su boca aquéllos tersos hilos del tiempo.

Para el desarrollo de sus comunitarismos y particularismos, la ancianidad es considerada un cuerpo dotado de esos atributos indeseables. Más aún, esa corporalidad es contraproducente para el constante crecimiento de la infantilización del mundo adulto y la progresiva muerte de la infancia.

Deshechos, despojos, restos que deben quitarse del camino, arrojarse a los contenedores del siglo XXI que a veces suelen adoptar la forma de centros de rehabilitación, hogares de cuidado especial, espacios de recreación para la tercera edad, para aliviar la carga de su experiencia histórica, de su recorrido entre sombras de la conciencia. No conforme con ello, este animal de proporciones gigantescas o habitación humana de paredes de cenizas, tiende esculpir el cuerpo farmacológico cuando el ser se recibe con el título de anciano.


No es un dato menor, entonces, que la obra Otoño rescate de las ruinas su figura.

Allí, en un hogar de ancianos, la vitalidad y entrega actoral de Dora Sajevicas para personificar a una mujer en silla de ruedas clarifica las hondas aguas en que se mueven los dilemas antes mencionados. El contrapunto, que finalmente cederá ante la fuerza arrolladora que fluye bajo las estepas de la memoria, lo encarna su nieta, bella y tiernamente personificado por Lorena Cammar.



Los amores a lo largo de la vida de la anciana, traídos a cuento por ella misma, amores famosos y otros no tanto, incomprobables pero también irrefutables, en realidad, constituyen una forma de clamor por el reconocimiento de su Otredad. Otredad que no da la batalla por perdida aún en el juego del encierro que propone el cuerpo de la mismidad, éste siempre lozano, viril, insuperable, siempre adolescente, extraviado de sí mismo y de los otros.

Y los modos espontáneos de clamar reconocimiento, esto es lo más significativo, es avivando la llama sagrada de su nieta, la antorcha de su libertad como otra que otra, distinta e insustituible.

A partir de aquí, se podría señalar que se trata también del encuentro de dos otredades que apuestan todo en reconocerse como tales, que se despojan ya de eso que no es otra cosa que el malestar en la cultura -frase que da título a una obra de Ránciere sobre la pérdida de las imágenes en todos los campos del saber- que ahuyentan al lobo del olvido, que se restauran en el barro de la historia y se vuelven pura ofrenda de amistad inconfesable e imposible para no pocos sectores de la sociedad occidental.


En épocas, de nuevo, de temor y temblor, y quizás por ello, una metáfora poética en búsqueda de las raíces profundas de la condición humana. Y al mismo tiempo, es un hecho teatral, es un gesto de apertura para descubrir en cada rincón de las entrañables vidas de estos personajes mucho más que posturas de hierro.-



Septiembre de 2017.



FICHA TÉCNICA


Autoría:

Marcelo Ruíz

Sobre textos de:

Julia Gambetti.

Actúan:

Lorena Cammar, Dora Sajevicas

Vestuario:

Daniela Draiye

Escenografía:

Daniela Draiye

Diseño de luces:

Milton Moreira Muzio

Operación de luces:

Agustín Intile Noble

Fotografía:

Pablo Insaurraldi

Diseño gráfico:

Milton Moreira Muzio

Asistente de producción:

Natalia Roma

Prensa:

Simkin & Franco

Producción:

Lorena Astudillo

Puesta en escena:

Laura Nevole

Dirección:

Marcelo Ruiz

Teatro Korinthio









 
 
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